Las tecnológicas compiten en beneficio con menos de la mitad de empleo

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Hubo un tiempo en que constructores, banqueros y magnates del petróleo dominaban la economía. Generaban millones de beneficios y empleos, y eran capaces de desestabilizar los mercados con solo arquear una ceja. Pero aquel tiempo ya pasó. La crisis de la construcción, unida a las dificultades para hacer negocio cuando la materia prima-bien sea el dinero o el petróleo- han perdido una parte sustancial de su valor, han puesto en jaque una soberanía empresarial prolongada durante años. La fuerza de la recesión, además, queda reducida al de una pequeña borrasca si se compara con el verdadero mar de fondo que está transformando, imparable, la jerarquía económica global: la revolución digital. Ningún sector se escapa a la metamorfosis tecnológica que está poniendo del revés todos los aspectos del sistema económico, desde los modelos de producción hasta los hábitos de consumo, pasando por el empleo. Las compañías tecnológicas no solo responden a las nuevas necesidades de los consumidores, sino que consiguen hacerlo invirtiendo muchos menos recursos. Así, una de las mejores armas de estas empresas nacidas al calor de las nueva revolución es su productividad: consiguen generar los mismos beneficios multimillonarios que las empresas tradicionales de mayor presencia, pero con la mitad de empleados. Un vistazo a las cuentas de las grandes tecnológicas resulta revelador. Apple se coronó en 2015 como la empresa con más beneficios de todo el planeta, con 53.700 millones de dólares de ganancias. Le siguen en el ranking, aunque a cierta distancia, tres entidades financieras chinas, ICBC (44.200 millones de dólares), China Construction Bank (36.400 millones de dólares) y Agricultural Bank of China (28.800 millones de dólares), según los datos de la lista Forbes de las mayores compañías de todo el mundo. Pero el gran éxito de la tecnológica no reside solo en haber conseguido que vender teléfonos y tabletas sea más rentable que conceder créditos, sino que además necesita menos personal para ello. En concreto, Apple tiene 110.000 empleados, cuatro veces menos que ICBC (que tiene 446.346 empleados), tres veces menos que el banco China Construction Bank (con 369.183 trabajadores) y cinco veces menos que el Agricultural Bank of China (con 503.082 empleados). Tiempos de cambio Esta realidad no es exclusiva del gigante que preside Tim Cook. También Google, que ahora opera bajo el nombre corporativo de Alphabet, anunció el año pasado unos beneficios de 17.000 millones de dólares con una platilla muy inferior a la que mantienen las compañías que registran un nivel similar de beneficios. En esta liga compite China Mobile, que obtuvo también 17.100 millones de ganancias. La diferencia es que el popular buscador necesitó para ello 61.814 empleados, frente a los 438.645 de la operadora del gigante asiático. Incluso el fabricante de móviles coreano Samsung, competidor directo de Apple, ganó 16.500 millones de dólares en el año 2015 y necesitó 235.999 empleados, catorce veces más. Un repaso a los otros dos gigantes de la revolución 4.0 ofrece una conclusión similar. La red social Facebook, que durante años tuvo que lidiar con las dudas sobre la viabilidad de su modelo de negocio, obtiene unos buenos resultados. La compañía fundada por Mark Zuckerberg obtuvo unos beneficios de 3.700 millones de dólares el pasado ejercicio y su plantilla ascendió a 12.691 empleados. En el mismo rango de beneficios se encuentran la francesa L’Oreal, que obtuvo las mismas ganancias pero con una plantilla seis veces superior, 82.881 empleados. También Nike registró 3.800 millones de dólares de beneficios y el número de empleados superó los 62.000, mucho mayor que el de Facebook. El único caso en que una de las cuatro grandes tecnológicas del momento compite con otra del sector es el de Microsoft. La compañía que pilota Satya Nadella logró un beneficio de 10.300 millones de dólares en ejercicio pasado, con una plantilla de 71.883 empleados. Mientras, la también tecnológica Cisco System, registró un beneficio de 10.200 millones de dólares con 118.000 empleados. No obstante, la comparativa con grandes compañías tradicionales sigue arrojando la misma conclusión: General Motors (9.700 millones dólares con 215.000 empleados) o Nestlé (9.400 millones dolares con 335.000 empleados) sí que confirman la mayor productividad de las tecnológicas. Así, el debate sobre el efecto que tendrá la tecnología en el empleo está sobre la mesa. El presidente de Microsoft para Iberoamérica, el español César Cernuda, aseguraba en una reciente entrevista con ABC que «la revolución digital no está destruyendo puestos trabajo, sino que está transformándolos. Está habiendo un cambio en la demanda del empleo». ¿Transformación suficiente? Sin embargo, unos meses atrás, un informe elaborado los investigadores del Foro Económico Mundial, más conocido como el Foro de Davos, aseguraba que la disrupción tecnológica interactuará con otras variables sociales y políticas y generará una revolución sin precedentes en el mercado laboral. En su opinión, en solo cinco años se perderán cinco millones de trabajos y nuestra capacidad para generar profesiones nuevas no va a ser lo suficientemente fuerte como para compensarlo.

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